Llevo tiempo observando como algunas instituciones deportivas de nuestro país cometen con total impunidad un atropello tras otro, utilizando como herramienta arrojadiza el reglamento de cualquier competición. Es como se vivieran en otro mundo y no se enteraran de que la democracia lleva funcionando más de 30 años… y que durante este tiempo se han hecho grandes progresos tanto a nivel colectivo como individual, respetando por encima de todo la libertad y los derechos de las personas.
Algunos se han empeñado en cercenar esa libertad y esos derechos utilizando la institución y el reglamento para cometer una injusticia tras otras sin que nadie les pida ni cuentas ni responsabilidades… ¿cómo eso es posible en pleno siglo XXI? Ellos tienen nombres y apellidos, son de carne y hueso… y se esconden bajo un nombre tan rimbombantes como el de la Federación Española de Baloncesto, que para algunas cosas es supermoderna, ágil, inteligente,… y para otras es analfabeta, torpe, fascistona y paleolítica.
Veamos, en el mes de agosto, por ejemplo el del año 2009, uno o unos se levantan del diván y decide/n por el artículo uno (1) que en el campeonato de España junior… “los equipos participantes sólo pueden jugar con dos extranjeros”… ¿extran qué…? ¿qué es un extranjero en edad cadete o junior?... porque no se olviden de que estamos hablando de niños-deportistas de 14 a 17 años, todos ellos menores de edad. La medida favorece descaradamente a los clubs grandes, ricos y poderosos… y eso también tiene su miga y si quieren nos ponemos a debatir o discutir… ¿cómo prefieren?
En realidad, el origen hay que buscarlo en el Estado de las autonomías, cuyas federaciones, más democráticas y respetuosas que la Española con la libertad y los derechos de las personas, entienden que cualquier niño que viva legalmente en nuestro país puede jugar en todas sus competiciones, porque tiene un pasaporte en regla, un visado de estudios con su matrícula escolar correspondiente, un NIE tan válido como tu DNI, está empadronado en el ayuntamiento de la localidad de su club, tiene una cuenta corriente en una entidad bancaria, garantizado su alojamiento, alimentación y el servicio médico universal… ¿necesita algo más…?
Son niños que en el colegio disfrutan de todos sus derechos como si hubieran nacido en Madrid o Barcelona… a pesar de su origen geográfico, raza, sexo, color de piel, nacionalidad o religión… Hasta aquí perfecto. Pero cuando este mismo chico quiere practicar su deporte favorito, que es el baloncesto, a nivel de la Federación Española de Baloncesto en un campeonato de España, se encuentra que el reglamento de la competición lo mata (… como si le dieran un tiro en la nuca) porque lo consideran extranjero… ¿extranjero? … y además le dicen a los clubs, que son los que mantienen todo el tinglado, que más de dos por equipo es pecado mortal (¡¡¡)
Ven la barbaridad. Durante un tiempo (… de septiembre a abril) los chicos pueden estudiar y jugar con total libertad, porque las federaciones autonómicas respetan sus derechos como ciudadanos de primera que son. Pero luego llega la FEB en el mes de mayo, organiza una competición pobretona, semiclandestina y justita en todo… y dice que ese mismo chico que ha jugado toda la temporada en Majadahonda, Canarias o Málaga… ahora no puede hacerlo en Valladolid o Badajoz, porque es extranjero y un ciudadano de tercera… y más de dos por equipo son una desgracia para el baloncesto y para este país (¡¡¡)
Como pueden apreciar no hay por donde cogerlo y no tienen argumentos para justificar este inadmisible atropello. ¿Nadie en la FEB se ha dado cuenta de ello…? En las competiciones profesionales podría tener cierto sentido una medida restrictiva como esta, aunque también sería muy discutible, pero en baloncesto de formación no tiene ni pies ni cabeza. Es el momento de rectificar y respetar por encima de todo la libertad y los derechos de los niños, que son el futuro de nuestro baloncesto y de nuestro país… y no discriminarlos injustamente porque son senegaleses o haitianos… “permitir una injusticia significa abrirle la puerta a la siguiente” / Willy Brandt. Amén.